En química, ácido y alcalino son dos formas opuestas de una misma escala. Esa escala se llama pH y va de 0 a 14: el 7 es neutro, todo lo que está por debajo es ácido y todo lo que está por encima es alcalino o básico. En el cuerpo, esa diferencia importa porque cada parte funciona mejor en un pH determinado, y la sangre es el caso más estricto. Cómo podemos favorecer los procesos naturales con pequeños cambios
2 de noviembre de 2026
La sangre humana tiene que mantenerse siempre apenas alcalina, entre 7,35 y 7,45, para que las células puedan trabajar. El cuerpo lo logra con el trabajo de pulmones y riñones, pero lo que llevamos al plato puede aliviar ese esfuerzo o exigirle más. Entender ese equilibrio ayuda a armar comidas que cuiden mejor a los riñones y a los músculos.
El cuerpo fabrica ácidos todo el tiempo, por ejemplo, al digerir los alimentos o al usar los músculos. Para que la sangre conserve su nivel, el organismo los elimina de dos maneras. Los pulmones, sacan una parte cada vez que exhalamos, y los riñones se llevan otra con la orina.
¿Qué tiene que ver lo que comemos?
Lo que comemos influye, porque algunos alimentos dejan ácidos en el cuerpo y otros aportan bases, sustancias capaces de neutralizar a los ácidos de la misma forma que el bicarbonato calma la acidez del estómago.
Las bases llegan sobre todo con frutas y verduras, gracias a minerales como el potasio y el magnesio. De ese balance entre ácidos y bases depende cuánto esfuerzo hacen los riñones cada día.
Cuando comemos un plato con mucha proteína, el cuerpo ajusta la respiración y la actividad de los riñones para que el pH de la sangre se mantenga estable. Es un ajuste normal. El problema aparece cuando ese tipo de comida se vuelve rutina: los riñones suman cada día un trabajo extra para eliminar el ácido que sobra. Es una alimentación que acompaña bien a quienes tienen los riñones sanos, pero que pide compensaciones.
Si esa exigencia se prolonga en el tiempo, el organismo puede recurrir a reservas propias para neutralizar el exceso, entre ellas algunas proteínas de los músculos. Por eso, sumar frutas y verduras al plato no es solo “comer más sano”, es aliviar ese esfuerzo.
Qué suma ácido en la alimentación diaria
Los ultraprocesados suman ácido a la dieta por sus ingredientes, entre ellos las proteínas y ciertos aditivos con fósforo. Pasa con los fiambres y embutidos, las hamburguesas, los rebozados industriales y los quesos procesados, que además suelen llevar bastante sodio, aunque no tengan gusto salado.
Las galletitas, los alfajores, los snacks de paquete y las bebidas azucaradas pesan de otra manera: en la rutina diaria suelen ocupar el lugar de alimentos con más valor nutricional.
Cada producto tiene una composición propia y su efecto depende de cuánto se consume. Por eso mirar con qué frecuencia llegan a la mesa y leer las etiquetas, donde figura la sal que se incorpora con cada uno, ayuda a ajustar la alimentación de todos los días.
El resto de las comidas también cuenta. Las proteínas animales aumentan la producción de ácidos por algunos de los aminoácidos que contienen, y buena parte de los vegetales aporta las bases que ayudan a compensarlos. Una dieta con mucha proteína animal y poca verdura suele dejar más ácido.
Qué podemos hacer desde casa
Sumar verduras al almuerzo y a la cena aporta fibra y más variedad de nutrientes. El zapallo, la zanahoria, la papa, la batata y las de hoja acompañan bien las preparaciones con carne o con cereales.
La fruta fresca puede incorporarse al desayuno o a la merienda, y un guiso de lentejas o una ensalada de garbanzos permite reemplazar la carne algunos días por otras fuentes de proteínas. Las hamburguesas de legumbres con una ensalada también son una buena opción.
Elegir más seguido alimentos frescos o poco elaborados y reducir las bebidas azucaradas y los productos con mucho sodio mejora notablemente la calidad de lo que comemos.
Además, beber suficiente agua ayuda a los riñones a eliminar sustancias de desecho. La cantidad necesaria cambia según la edad, el movimiento diario, el clima y la salud de cada persona. Con el ejercicio, la respiración se acelera para responder a lo que pide el cuerpo y regula la salida de dióxido de carbono, uno de los procesos que controlan el pH de la sangre.
El caso del limón
Aunque su sabor es muy ácido, el limón tiene un efecto alcalinizante en el cuerpo. Ese sabor viene del ácido cítrico, del que tiene unas cinco veces más que la naranja, pero al digerirse ese ácido se consume como cualquier otro nutriente, mientras que sus minerales, como el potasio, dejan un saldo de bases, las sustancias que ayudan a neutralizar el ácido que producen otras comidas.
Otra parte del ácido cítrico llega a la orina convertida en citrato, que ayuda a que el calcio quede disuelto sin formar cristales. Esa es una de las razones por las que el agua con limón suele sugerirse a quienes tienen tendencia a formar cálculos en los riñones.
Agregar jugo de limón al agua es además una manera simple de tomar más líquido durante el día. Para cuidar el esmalte de los dientes conviene tomarlo diluido, mejor con las comidas, y enjuagarse la boca con agua después. A quienes tienen ardor de estómago o gastritis les conviene consultar antes de tomarlo a diario, porque puede aumentar las molestias.
Por qué las tiras de orina no miden la acidez de la sangre
El pH urinario varía según lo que se come y otros factores, porque la orina es la vía por la que los riñones descartan el exceso de ácido para que la sangre conserve su valor estable. Por eso una tira reactiva puede mostrar una orina más ácida o más alcalina sin informar sobre la acidez sanguínea ni sobre el estado general. Estas mediciones se usan en situaciones médicas puntuales y las interpreta un especialista.
Quienes tienen una enfermedad renal o indicaciones sobre su alimentación pueden consultar con su médico cómo adaptar estos cambios.
Fuentes
Schwalfenberg, G. K. (2012). The Alkaline Diet: Is There Evidence That an Alkaline pH Diet Benefits Health? Journal of Environmental and Public Health. https://doi.org/10.1155/2012/727630
Wieërs y colaboradores (2024). Dietary acid load in health and disease. Pflügers Archiv – European Journal of Physiology. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11006742/
Ruggenenti y colaboradores (2021). Fresh lemon juice supplementation for the prevention of recurrent stones in calcium oxalate nephrolithiasis. EClinicalMedicine. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8683665/
Penniston, Steele y Nakada (2007). Lemonade therapy increases urinary citrate and urine volumes in patients with recurrent calcium oxalate stone formation. Urology. https://doi.org/10.1016/j.urology.2007.06.1115
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