Salud y bienestar

Crear con las manos: un refugio cotidiano para calmar la mente

Crear con las manos: un refugio cotidiano para calmar la mente
La herramienta esta a disposición toda la vida, una de las mejores cosas que tiene usar el arte para estar mejor.

Dibujar, pintar, hacer collage o trabajar con arcilla pueden ayudar a concentrarse, expresar emociones y reducir el cortisol, asociado al estrés.

En 1938, el artista británico Adrian Hill estaba internado en un sanatorio mientras se recuperaba de tuberculosis. Pasaba largas horas en reposo, hasta que comenzó a dibujar los objetos que tenía cerca y el paisaje que podía observar desde su habitación.

Con el tiempo advirtió que, durante esos momentos, la enfermedad dejaba de ocupar todo su campo de atención. Dibujar no modificaba su diagnóstico, pero sí la manera de atravesar el tiempo y de relacionarse con lo que estaba viviendo.

Después comenzó a trabajar con otros pacientes y, en 1942, utilizó por primera vez la expresión art therapy. Tres años más tarde publicó Art Versus Illness, donde reunió parte de sus observaciones sobre el vínculo entre creación artística y bienestar.

La experiencia de Hill anticipó una idea que luego sería estudiada por la psicología y las ciencias de la salud: dedicar un tiempo a crear puede ayudar a desplazar la atención de las preocupaciones, organizar la experiencia emocional y recuperar una sensación de participación sobre el propio tiempo.

Cuando la atención se concentra en las manos

Dibujar es una de las principales actividades que puede generar ese efecto. Pintar, recortar, pegar, modelar, bordar o construir también requieren una secuencia de acciones y cierta continuidad.

Mientras una persona elige un color, mezcla una pintura, corta un papel, amasa una pieza o sigue una trama, parte de su atención queda ligada a lo que ocurre en sus manos. Esa concentración no elimina los problemas, pero puede reducir durante un rato la interferencia de otros estímulos y pensamientos.

En 2016, un equipo de la Universidad Drexel, en Estados Unidos, reunió a 39 adultos y les propuso trabajar durante 45 minutos con distintos materiales artísticos. Antes y después de la actividad, los investigadores tomaron muestras de saliva para medir el cortisol, una hormona vinculada con la respuesta del organismo al estrés.

Al comparar los resultados, observaron una disminución estadísticamente significativa del cortisol en aproximadamente el 75 % de los participantes. La experiencia previa con el dibujo o la pintura no modificó de manera relevante la respuesta.

El dato resulta importante porque muchas personas abandonan las actividades artísticas después de la infancia al considerar que no tienen habilidad. Sin embargo, en ese estudio saber dibujar no fue una condición para registrar cambios en el indicador biológico.

No hace falta “saber hacer arte”

La creación artística no tiene por qué terminar en una obra técnicamente correcta. El objetivo puede ser simplemente permanecer unos minutos en una actividad que resulte agradable.

Un dibujo puede ser abstracto, una pintura puede tener colores que no representan ningún objeto y un collage puede construirse con papeles encontrados en una revista. También es posible trabajar con texturas, formas, manchas o materiales sin buscar un resultado determinado.

En 2007, una investigación comparó a personas que realizaban una producción artística con otras que observaban reproducciones de obras. Quienes habían creado mostraron una reducción mayor de la ansiedad y del malestar emocional que quienes se habían limitado a observar.

Otro estudio, publicado en 2008, encontró que la consigna podía influir en la experiencia. Los participantes que trabajaron a partir de un recuerdo positivo mostraron una disminución más clara del estrés que quienes produjeron sobre una situación estresante.

Esto no significa que sea necesario forzar pensamientos agradables ni evitar aquello que preocupa. La observación más prudente es que el tipo de consigna, el estado de ánimo y la relación personal con la actividad pueden influir en el resultado.

Un pequeño taller en casa

La arteterapia se desarrolla dentro de un trabajo profesional específico. Crear en casa puede formar parte de la vida cotidiana y ofrecer un momento de menor tensión dentro del día.

Casi noventa años después de la experiencia de Adrian Hill, la creación artística conserva ese valor cotidiano. Dedicar un tiempo a dibujar, pintar o trabajar con las manos puede favorecer la concentración, acompañar una disminución de la activación asociada al estrés y ofrecer una vía de expresión para emociones que muchas veces resultan difíciles de poner en palabras. En ese sentido, la práctica artística puede formar parte de la vida diaria como un recurso accesible para el bienestar emocional.

Armar un espacio creativo en casa no requiere grandes inversiones ni una habitación exclusiva. Puede ser una mesa despejada, una bandeja o una caja con materiales para usar durante un rato.

Algunas posibilidades son:

  • lápices, fibras, crayones y tizas;
  • témperas, acuarelas y acrílicos;
  • collage con papeles, revistas, telas y fotografías;
  • arcilla, barro, plastilina o porcelana fría;
  • masas de sal preparadas con harina, sal y agua;
  • bordado, tejido, crochet o costura;
  • armado de objetos, reciclado y pequeñas artesanías;
  • estampas, sellos, origami o decoración de piezas.

También puede ser una actividad compartida. Hacer una máscara con un niño, reparar un mueble, preparar una pieza de cerámica o cocinar una receta nueva son formas de involucrar las manos, la atención y la imaginación.

Lo importante no es producir algo para mostrar, vender o evaluar. La utilidad está en la experiencia: elegir, probar, equivocarse, modificar y observar cómo una idea toma forma.

Ninguna de estas actividades funciona igual para todas las personas. Mientras algunas disfrutan el dibujo, otras pueden sentirse más cómodas con el movimiento, la música, la escritura, la jardinería o la reparación de objetos.

Estudios científicos citados

Kaimal, G., Ray, K. y Muniz, J. (2016). Reduction of Cortisol Levels and Participants' Responses Following Art Making. Art Therapy, 33(2), 74–80. Estudió los niveles de cortisol de 39 adultos antes y después de 45 minutos de producción artística.

Bell, C. E. y Robbins, S. J. (2007). Effect of Art Production on Negative Mood: A Randomized, Controlled Trial. Art Therapy, 24(2), 71–75. Comparó producción artística con observación de obras en 50 adultos jóvenes.

Curl, K. (2008). Assessing Stress Reduction as a Function of Artistic Creation and Cognitive Focus. Art Therapy, 25(4), 164–169. Analizó cómo podía variar el estrés según la consigna utilizada durante la producción artística.