El concepto de que ciertos olores pueden influir en nuestro estado de ánimo y bienestar tiene una larga historia y, en las últimas décadas, también ha sido objeto de estudio científico. Distintas investigaciones han buscado medir qué ocurre en el cerebro y otros indicadores fisiológicos cuando olemos determinadas fragancias.
29 de septiembre de 2026
El sistema olfativo mantiene conexiones estrechas con áreas cerebrales involucradas en las emociones, la memoria y las respuestas fisiológicas. Los olores pueden influir sobre los estados emocionales y, al mismo tiempo, el estado emocional de una persona puede modificar la manera en que percibe un olor.
Para estudiar estos efectos, los investigadores han utilizado herramientas como electroencefalogramas, la medición de la presión arterial, de la frecuencia respiratoria y la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV). Una revisión científica encontró modificaciones en parámetros autonómicos después de la inhalación de diversos aceites esenciales, aunque los efectos no fueron uniformes para todos ellos.
Por ejemplo, un estudio realizado en mujeres con dificultades para dormir encontró una disminución de la frecuencia cardíaca y cambios compatibles con una mayor modulación parasimpática (la capacidad del organismo para reducir el ritmo cardíaco y favorecer la recuperación), después de sesiones de inhalación de lavanda.
En el otro extremo, tras pruebas en adultos sanos se encontró que luego de inhalar aceite de romero, aumentaron significativamente la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la frecuencia respiratoria, a la vez que los participantes manifestaron sentirse más activos. Los cambios también se observaron en los electroencefalogramas, con modificaciones compatibles con un estado de mayor activación.
A pesar de estos hallazgos, una revisión sistemática advirtió que muchos de los estudios sobre aromaterapia presentan limitaciones metodológicas y que las conclusiones generales aún no pueden considerarse definitivas.
De todas maneras, estos conocimientos pueden aprovecharse en casa de una manera sencilla y segura. El primer paso es detectar qué aromas resultan agradables y con qué estados o actividades se los asocia. A partir de allí, es posible crear rutinas aromáticas, utilizando de manera consistente ciertos olores en momentos específicos del día.
Los aromas en nuestra vida cotidiana
Para aromatizar el ambiente, se pueden utilizar aceites esenciales en difusores, hornillos, vapores al ambiente, en recipientes aptos que tengamos dentro de la vajilla de casa, en sesiones de no más de 30-60 minutos y asegurando una buena ventilación.
Es importante recordar que los aceites esenciales son productos altamente concentrados y deben utilizarse con precaución, especialmente en presencia de niños pequeños o personas con sensibilidad olfativa, respiratorias o alergias.
También se pueden incorporar plantas aromáticas frescas o velas perfumadas. Los aromas también pueden combinarse con otros elementos ambientales como la iluminación y los sonidos para crear un entorno propicio para diferentes estados.
Quizás lo más enriquecedor de incorporar la aromaterapia en la vida diaria sea el proceso mismo de exploración. Probar diferentes fragancias y observar las propias reacciones puede ser una experiencia gratificante en sí misma, y la atención a los olores cotidianos se convierte en una forma de cultivar la conexión con el presente.
En definitiva, se trata de prestar atención a los aromas que ya forman parte de nuestro entorno e introducir algunos nuevos de manera consciente. La ciencia nos invita a hacerlo con curiosidad, pero también con precaución, entendiendo que cada pequeña elección aromática puede ser un paso hacia un mayor bienestar.
Referencias:
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