En la Ciudad de Buenos Aires, la Justicia incorporó espacios para que niñas, niños y adolescentes puedan encontrar calma antes, durante y después de una entrevista. Una propuesta que pone en primer plano algo esencial: para escuchar una historia, también hay que cuidar a quien la cuenta.
25 de octubre de 2026
Contar algo que duele no es fácil. Mucho menos cuando hay que hacerlo en un lugar desconocido, frente a personas que también lo son. Para una niña, un niño o un adolescente que atravesó una situación traumática, el paso por la Justicia puede sumar ansiedad a una experiencia que ya resulta difícil.
Por eso, garantizar su derecho a ser escuchados no empieza con la primera pregunta. Empieza antes: en cómo se los recibe, en el tiempo que se les ofrece y en los apoyos que encuentran para poder expresarse.
Con esa mirada, el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires incorporó sus primeras Salas de Regulación Emocional y Rincones Sensoriales. Son espacios pensados para acompañar a las infancias y adolescencias durante entrevistas y evaluaciones judiciales, con especial atención a quienes atravesaron situaciones traumáticas o fueron víctimas o testigos de delitos.
La propuesta busca que ese tránsito no agregue sufrimiento. Que, además de un lugar donde hablar, encuentren un entorno que tenga en cuenta cómo se sienten.
Un espacio para moverse, otro para encontrar calma
Las salas tienen tres sectores: uno para el movimiento y la exploración, otro orientado a la calma y un espacio de transición que acompaña la llegada y la salida.
Hay luces que pueden regularse, materiales de distintas texturas, pelotas antiestrés, mantas, auriculares y herramientas para reconocer y expresar emociones. Los recursos están adaptados a diferentes necesidades sensoriales y del neurodesarrollo.
No existe una única manera de acompañar. Por eso, cada niña, niño o adolescente puede elegir qué elementos necesita, con el apoyo del equipo profesional, que evalúa los recursos adecuados antes de cada intervención.
También puede preparar una “valija sensorial personal”: hasta tres objetos para llevar consigo durante la entrevista o la evaluación. La elección deja un margen de decisión propio en una instancia que puede resultar abrumadora.
Y el cuidado no termina cuando termina la conversación. Después se reserva un momento de descompresión, un tiempo para recuperar la calma antes de seguir.
Escuchar también es respetar los tiempos
La asesora general tutelar, Carolina Stanley, explicó que estos espacios buscan quitar obstáculos para el ejercicio de los derechos. “Promover arquitecturas institucionales centradas en ellos, priorizando entornos amigables y respetuosos, es una forma de eliminar barreras que impidan su acceso a la justicia, su derecho a ser oídos y a participar del proceso judicial”, afirmó.
Esa mirada también llega a la sala de espera. Allí, un Rincón Sensorial ofrece botellas sensoriales, tarjetas visuales con ejercicios de respiración y otros elementos para manipular mientras se aguarda.
La iniciativa se suma a otras herramientas del organismo: una Sala de Entrevistas Especializada, el Programa de Perros de Terapia para Asistencia Judicial y videos anticipatorios que explican cómo será una declaración testimonial. Son distintas formas de acompañar y de hacer menos desconocido lo que está por suceder.
Cuidar a quien tiene algo que contar
“No alcanza con garantizar un espacio formal para hablar y ser escuchado, también es necesario considerar cómo se siente cada niño o adolescente, qué apoyos necesita y qué condiciones pueden facilitar su participación”, señaló la asesora tutelar adjunta de Niñas, Niños y Adolescentes, Laura Grindetti.
Sus palabras expresan el sentido de la propuesta: el derecho a hablar no puede separarse de las condiciones en las que se pide hacerlo. En estos espacios, una luz más tenue, un objeto elegido o una pausa forman parte del cuidado.
No reemplazan la escucha profesional: la acompañan y ponen en primer plano las necesidades de cada niña, niño o adolescente. Porque detrás de cada intervención judicial hay una persona con su propia historia y sus propios tiempos. Escucharla también significa hacerle lugar a todo eso.
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