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Irán llega al Mundial 2026 entre la guerra, las restricciones de Estados Unidos y una sociedad dividida

Irán llega al Mundial 2026 entre la guerra, las restricciones de Estados Unidos y una sociedad dividida

La selección iraní afrontará el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá en uno de los contextos más complejos de su historia. A los desafíos deportivos se suman las consecuencias del conflicto bélico que enfrenta a Irán con Israel y Estados Unidos, las dificultades diplomáticas para ingresar al país anfitrión y una creciente división interna sobre el papel que cumple el seleccionado nacional.

Irán había asegurado su clasificación para la Copa del Mundo el 25 de marzo de 2025, convirtiéndose en uno de los primeros equipos en obtener su boleto. Sin embargo, más de un año después, la atención ya no se concentra únicamente en el fútbol. La guerra que sacude a Medio Oriente y la tensión con Washington condicionaron la preparación del equipo y obligaron a replantear aspectos clave de su participación.

Uno de los principales obstáculos estuvo relacionado con los visados. Aunque los jugadores y parte del cuerpo técnico recibieron autorización para ingresar a Estados Unidos, varios dirigentes, incluido el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, vieron rechazadas sus solicitudes. Según trascendió, las autoridades estadounidenses establecieron condiciones especiales para la delegación, que deberá ingresar y abandonar territorio estadounidense el mismo día de cada partido.

Ante ese escenario, la FIFA aprobó el traslado de la base de operaciones del seleccionado desde Arizona hacia la ciudad mexicana de Tijuana. Desde allí, el equipo viajará para disputar sus compromisos de la fase de grupos frente a Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles, y contra Egipto en Seattle.

La situación adquiere una dimensión aún más significativa por la larga historia de enfrentamientos políticos entre Irán y Estados Unidos. Desde la revolución iraní de 1979 ambos países carecen de relaciones diplomáticas formales y mantienen décadas de desconfianza mutua. En ese contexto, el fútbol protagonizó algunos de los pocos momentos de acercamiento, como ocurrió en el Mundial de Francia 1998, cuando los jugadores iraníes entregaron flores blancas a sus rivales estadounidenses antes de vencerlos por 2 a 1 en un partido que quedó grabado en la memoria colectiva.

Pero las dificultades no terminan en el plano internacional. Dentro de Irán, el seleccionado ya no genera el consenso que supo despertar en otros mundiales. Las protestas sociales, la represión gubernamental y la polarización política de los últimos años modificaron la relación entre parte de la sociedad y el equipo nacional. Mientras muchos continúan viendo a la selección como un símbolo de orgullo e identidad, otros cuestionan su cercanía con las estructuras del Estado.

A pesar de ese escenario, el fútbol sigue siendo el deporte más popular del país y millones de iraníes seguirán atentamente el desempeño del equipo en Norteamérica. Desde lo deportivo, el objetivo es histórico: por primera vez, superar la fase de grupos. Irán participó en siete Copas del Mundo, pero nunca logró avanzar a las rondas eliminatorias.

Con un Mundial ampliado a 48 selecciones, las expectativas deportivas crecen. Sin embargo, la realidad indica que la historia de Irán en la Copa del Mundo 2026 estará inevitablemente atravesada por factores que van mucho más allá del fútbol.