Los líderes de las tres naciones firmaron un acuerdo histórico días pasados en Cardiff y pidieron a Londres que prepare y facilite posibles cambios constitucionales
17 de septiembre de 2026
Los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaron una declaración conjunta en la que reivindicaron el derecho de sus territorios a decidir su futuro político, incluida la posibilidad de abandonar el Reino Unido.
El acuerdo fue firmado en Cardiff por John Swinney, líder del Partido Nacional Escocés (SNP); Rhun ap Iorwerth, dirigente de Plaid Cymru, y Michelle O’Neill, vicepresidenta del Sinn Féin y primera ministra de Irlanda del Norte.
Se trató del primer encuentro presencial de los máximos referentes de estas tres fuerzas nacionalistas, que actualmente gobiernan sus respectivas administraciones. La reunión fue interpretada como una señal de coordinación política frente al poder central de Londres.
“Nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación. Ningún gobierno de Westminster tiene derecho a bloquear la democracia ni a socavar el principio de que nuestros pueblos decidirán su propio futuro”, sostiene el memorando firmado en Cardiff.
“El tiempo de Westminster está llegando a su fin”
Durante una conferencia de prensa, los dirigentes afirmaron que el escenario político del Reino Unido está cambiando y reclamaron al Gobierno británico que se prepare para eventuales modificaciones constitucionales.
“Para quienes nos siguen desde estas islas y para quienes nos ven en todo el mundo, no podría haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin”, expresaron.
La referencia a Westminster alude al Parlamento británico, ubicado en Londres, que conserva las competencias centrales sobre la unión política, la defensa, la política exterior y otros asuntos reservados.
Los líderes también señalaron que sus partidos mantienen posiciones diferentes sobre la forma y el momento en que debería producirse un cambio constitucional. Sin embargo, coincidieron en que cada nación debe tener la posibilidad de decidir su futuro “a su manera y en su debido tiempo”.
Tres reclamos diferentes
Aunque Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaron el mismo documento, sus situaciones políticas y constitucionales no son idénticas.
En Escocia, el SNP impulsa desde hace años la realización de un nuevo referéndum de independencia. En 2014, los escoceses rechazaron separarse del Reino Unido por 55 % contra 45, pero el Brexit y los cambios políticos posteriores reactivaron el debate.
El Tribunal Supremo británico determinó en 2022 que el Parlamento escocés no puede convocar unilateralmente una consulta sobre la independencia sin autorización de Westminster. Por ese motivo, el reclamo actual apunta también a que el Gobierno británico habilite el proceso.
En Gales, Plaid Cymru defiende una mayor autonomía y la posibilidad de avanzar hacia la independencia, aunque no existe un mecanismo equivalente al referéndum escocés de 2014.
En Irlanda del Norte, el Sinn Féin promueve la reunificación de la isla y reclama que se contemple la posibilidad de una consulta sobre el futuro constitucional del territorio. El Acuerdo de Viernes Santo establece que esa consulta puede convocarse si el Gobierno británico considera que existe una mayoría que podría respaldar la unión con Irlanda.
La respuesta de Londres
El Gobierno británico rechazó, por ahora, abrir una nueva discusión sobre referéndums de independencia o sobre la reunificación de Irlanda.
Un portavoz de Downing Street afirmó que el primer ministro Andy Burnham cree firmemente en la unión del Reino Unido y que su administración está concentrada en reducir el costo de vida y mejorar la seguridad económica de las familias.
“La prioridad del Gobierno es trabajar en asociación con los primeros ministros y viceprimeros ministros de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, en lugar de participar en debates constitucionales o nuevos referéndums”, señaló la oficina del premier.
La postura de Londres dejó expuesta la principal dificultad para los movimientos nacionalistas: aunque cuentan con gobiernos regionales y respaldo electoral en sus territorios, las decisiones sobre la unión y la convocatoria de referéndums continúan dependiendo, en gran medida, del Parlamento británico.
Una presión coordinada
El documento firmado en Cardiff no declara la independencia de ninguno de los tres territorios ni fija una fecha para realizar consultas populares. Su objetivo es coordinar posiciones y aumentar la presión política sobre Westminster.
Para los dirigentes nacionalistas, el acuerdo representa una señal de que el Reino Unido atraviesa una transformación profunda. Para el Gobierno británico, en cambio, se trata de un reclamo que no forma parte de sus prioridades inmediatas.
La declaración, de todos modos, introduce un elemento novedoso: por primera vez en la historia, los principales partidos independentistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte presentan un reclamo conjunto, aunque cada uno mantenga objetivos, calendarios y procedimientos diferentes.
El futuro de la unión británica dependerá ahora de la evolución electoral en cada nación, de la presión social por nuevos referéndums y de la disposición de Londres a habilitar una discusión constitucional que, por el momento, intenta mantener fuera de su agenda.
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