Abogado, periodista y militante radical, Sergio Karakachoff tuvo una fuerte ascendencia sobre las organizaciones universitarias de la UCR, en especial sobre la Franja Morada, de donde la militancia estudiantil entrerriana tomó sus ideas y su compromiso democrático. A 50 años de su secuestro y asesinato por la dictadura, su trayectoria permanece vigente como ejemplo de la defensa inquebrantable de los derechos humanos y como estandarte de la superación pacífica del terrorismo de Estado, camino que llevaría a Raúl Alfonsín a la Presidencia en 1983.
12 de septiembre de 2026
Sergio “el ruso” Karakachoff nació en 1939 en La Plata y desarrolló allí gran parte de su actividad. Fue asesinado a los 37 años, el 10 de septiembre de 1976. Abogado, periodista y militante universitario, fue secuestrado junto con su socio y amigo Domingo Teruggi por fuerzas represivas. Sus cuerpos aparecieron días después a la vera de la ruta 36, en el partido bonaerense de Magdalena, con signos de tortura y heridas de bala.
Su militancia comenzó en el ámbito universitario. Presidió el centro de estudiantes del Colegio Nacional de La Plata y, mientras estudiaba Derecho, impulsó una agrupación reformista vinculada al radicalismo. En 1967 fue uno de los fundadores de Franja Morada; luego participó de la creación de la Junta Coordinadora Nacional y del Movimiento de Renovación y Cambio, junto con Raúl Alfonsín.
Como abogado defendió a trabajadores y, desde 1975, integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), en la que presentó numerosos hábeas corpus en favor de detenidos y perseguidos. Su compromiso con la democracia y su rechazo a la violencia quedaron de manifiesto en sus actos, sus escritos y en sus advertencias previas al secuestro.
Días antes a aquel día de septiembre había escrito un breve y contundente texto titulado “Acerca de la violencia”, en el que advertía contra el terror que ya se imponía en el país. Defendió siempre la ley, la Constitución y el valor de la democracia, en un tiempo en que esas palabras parecían prohibidas.
“Somos como pajaritos enjaulados. No manejamos los códigos de la clandestinidad y no tenemos nada que ver con la violencia, pero nos tienen marcados”, había advertido. Días después, hombres de civil llegaron a la guardería donde estaban sus hijas. La directora negó que estuvieran allí y logró ponerlas a salvo. Karakachoff fue secuestrado horas más tarde en la vivienda de Teruggi.
El crimen provocó una fuerte conmoción dentro del radicalismo. Pese al estado de sitio y a la represión, centenares de personas acompañaron el cortejo hasta el cementerio de La Plata. Federico Storani lo recordó desde el balcón del comité partidario y destacó “el respeto de sus adversarios y el temor de sus enemigos”.
Karakachoff no llegó a ver el triunfo de Alfonsín en 1983, pero formó parte de la generación que construyó la renovación radical que desembocaría en aquel proceso democrático. Su influencia también atravesó las estructuras universitarias del radicalismo en Entre Ríos, en las que Franja Morada se consolidó como uno de los espacios de referencia de la militancia estudiantil.
A 50 años de su asesinato, su pensamiento conserva una definición que resume su concepción de la militancia: “Un militante no es un héroe, simplemente quiere vivir, no se conforma con aceptar que otros han decidido ya su vida, su futuro, sus módicas ambiciones y su muerte”.
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