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Víctor Velázquez, el hombre que convirtió la milonga entrerriana en patrimonio cultural

Víctor Velázquez, el hombre que convirtió la milonga entrerriana en patrimonio cultural
Víctor Velázquez, prócer de la música entrerriana

Durante décadas, cuando se hablaba de la música tradicional de Entre Ríos, la chamarrita ocupaba naturalmente el centro de la escena. Sin embargo, detrás de esa identidad sonora también creció otro género profundamente arraigado en el paisaje provincial: la milonga entrerriana. Ahora, una ley sancionada por la Legislatura provincial busca reconocer ese legado al instituir oficialmente el 4 de junio como Día de la Milonga Entrerriana, en homenaje al nacimiento de Víctor Francisco Velázquez, su máximo referente.

La fecha elegida no es casual. El 4 de junio de 1931 nació en el paraje Abra El Chajá, en Altamirano Norte, departamento Tala, quien con el paso de los años se convertiría en una de las figuras más importantes del folklore argentino y en el principal embajador cultural de Entre Ríos.

La iniciativa legislativa surgió con un objetivo claro: saldar una deuda histórica con un género musical que forma parte de la identidad provincial. La norma también establece una distinción simbólica importante, al otorgarle a la milonga un espacio propio dentro del calendario cultural entrerriano, separado de la chamarrita, que ya cuenta con su celebración cada 29 de octubre en homenaje a Linares Cardozo.

La historia de Velázquez comenzó lejos de los grandes escenarios. Siendo niño se trasladó junto a su familia a Villaguay, donde recibió una guitarra que marcaría para siempre su destino artístico. Aquel instrumento, regalo de Elías Dujovne, fue el punto de partida de una trayectoria que lo llevaría a recorrer el país y el mundo.

En 1951 emigró a Buenos Aires en busca de oportunidades. Ese mismo año debutó en Radio Rivadavia dentro del programa “Voz Entrerriana”, una puerta de entrada a la escena nacional. Con el tiempo participó en ciclos televisivos, integró compañías artísticas de prestigio y consolidó un estilo propio que encontraba inspiración en el paisaje rural, los trabajadores del campo y las costumbres de la llanura.

Durante los años sesenta alcanzó gran notoriedad en Uruguay, donde condujo su propio programa de televisión y desarrolló una intensa actividad artística. Más tarde llegarían las giras internacionales por Europa, Japón y Estados Unidos, llevando la música del litoral argentino a escenarios de todo el mundo.

Pero si hay una obra que sintetiza la dimensión artística de Velázquez es “La Primavera”. La milonga instrumental se convirtió en una referencia obligada para generaciones de guitarristas y es considerada una de las composiciones más importantes del repertorio folklórico argentino. Su influencia fue tal que actualmente forma parte de los programas de estudio de conservatorios y escuelas de música de distintas provincias.

A lo largo de su carrera también dejó piezas emblemáticas como “Me dicen el panza verde”, “A don Linares Cardozo”, “Del Talita” y “Este oficio de cantor”, obras que reflejan el profundo vínculo del artista con la cultura entrerriana.

Otro capítulo fundamental de su vida fue la amistad que mantuvo con Atahualpa Yupanqui. La relación entre ambos trascendió lo artístico y derivó en colaboraciones, composiciones compartidas y un reconocimiento mutuo que consolidó el prestigio de Velázquez dentro del folklore nacional.

Hoy, a sus 95 años, el cantor y guitarrista continúa siendo una referencia ineludible de la música popular argentina. Desde su Rosario del Tala natal, donde reside actualmente, sigue recibiendo el cariño y el reconocimiento de generaciones de músicos y seguidores.

La creación del Día de la Milonga Entrerriana no solo homenajea a un artista excepcional. También representa un reconocimiento a una expresión cultural que forma parte de la historia y la identidad de Entre Ríos. Y en esa historia, el nombre de Víctor Velázquez ocupa un lugar imposible de reemplazar.