La industria de la construcción comenzó a mirar con fuerza una tecnología que hasta hace pocos años parecía futurista: las impresoras 3D capaces de levantar viviendas de hormigón en tiempo récord. En la Argentina, una de las iniciativas más avanzadas es impulsada por el emprendedor Mateo Salvatto, cofundador de la empresa Grondplek, que asegura que una casa de 120 metros cuadrados puede tener su “obra gris” terminada en apenas 48 horas.
29 de mayo de 2026
La propuesta busca reducir de manera drástica los tiempos de obra, bajar costos y minimizar el desperdicio de materiales. Según explicó Salvatto, la impresión 3D aplicada a la construcción ya comenzó a expandirse en distintos países y empieza a ganar terreno también en Sudamérica. En Estados Unidos, por ejemplo, ya existen locales comerciales y barrios completos desarrollados con este sistema, mientras que en Japón se llegó a imprimir una estación ferroviaria en solo seis horas.
La tecnología funciona mediante una impresora de gran escala —de aproximadamente 11 metros por 11 y 7 metros de altura— que trabaja capa por capa utilizando hormigón mezclado con aditivos especiales. El sistema está conectado a una planta mezcladora compacta que bombea el material directamente al cabezal impresor. De esta manera, se construyen paredes, estructuras y otros elementos de la denominada “obra gris”.
Salvatto sostuvo que una de las principales ventajas es la velocidad. “Imaginate una casa que pueda bajar el 30% de su costo de mercado, terminada en una semana”, señaló al describir el potencial del sistema. Además, destacó que la máquina utiliza únicamente el material necesario en cada etapa, lo que reduce significativamente el desperdicio de hormigón y mejora la eficiencia de la obra.
Las viviendas impresas también presentan características técnicas particulares. Según explicó el emprendedor, cuentan con doble pared y cámara de aire, lo que mejora el aislamiento térmico y la eficiencia energética. Además, afirmó que las estructuras son antisísmicas y resistentes.
De todos modos, el sistema no reemplaza completamente el trabajo humano. La impresora realiza la estructura principal, pero luego se necesitan operarios para las terminaciones, instalaciones eléctricas, sanitarias y supervisión general de la obra. “La tecnología no busca reemplazar trabajadores”, aclaró Salvatto, quien remarcó que la automatización modifica las tareas más pesadas pero sigue requiriendo mano de obra especializada.
La empresa Grondplek nació en 2021 y, tras recorrer Europa en busca de fabricantes especializados, sus fundadores cerraron un acuerdo con la firma danesa Cobod, considerada una de las líderes mundiales en impresión 3D de hormigón. Actualmente, la compañía es distribuidora oficial de esas máquinas en Argentina, Uruguay y Paraguay.
El proyecto tomó impulso definitivo en 2025, cuando Techint decidió respaldar la iniciativa y apostar por la incorporación de esta tecnología en la región. Según datos de la empresa, ya imprimieron más de 500 metros cuadrados de hormigón y lograron reducir cerca de un 35% el tiempo de obra gris respecto a los métodos tradicionales.
Además del uso residencial, la tecnología también puede aplicarse en obras de ingeniería civil, minería y construcción industrial. Salvatto incluso definió el sistema como “una fábrica de premoldeados portátil”, ya que puede trasladarse y comenzar a operar directamente sobre el terreno.
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