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Pueblos entrerrianos

Aldea San Francisco, un pueblo con raíces en el Volga que celebra a su patrono en octubre

Aldea San Francisco, un pueblo con raíces en el Volga que celebra a su patrono en octubre
Parte de las ruinas que pueden recorrerse en la mágica Aldea San Francisco.

La localidad del departamento Diamante fue fundada en 1878 por familias alemanas del Volga. Su iglesia, las ruinas de la antigua escuela alemana y un cementerio con tumbas del siglo XIX conservan la memoria de una comunidad que mantiene viva una historia de casi 150 años.

A unos cinco kilómetros de la ruta provincial 11, en el departamento Diamante, Aldea San Francisco se recuesta junto al arroyo Las Arañas. La pequeña localidad nació en 1878, cuando un grupo de familias alemanas del Volga se estableció en el marco de la colonización de General Alvear.

Aquellos inmigrantes habían llegado originalmente a las orillas del río Volga, en el entonces Imperio Ruso, durante el siglo XVIII. Allí conservaron durante generaciones su idioma alemán, la fe católica y sus costumbres comunitarias. Más tarde, las políticas de rusificación, la obligación del servicio militar y las restricciones sobre su lengua impulsaron a muchas familias a buscar un nuevo destino.

En Entre Ríos, ese proceso dio origen a cinco aldeas fundadas en 1878: Valle María, Protestante, Spatzenkutter, Salto y San Francisco. Según una tradición transmitida por los propios pobladores, el 21 de julio de ese año quedó asociado al asentamiento de estas comunidades, aunque no se ha encontrado un acta fundacional de las aldeas.

De Pfeifer a San Francisco

La localidad fue conocida inicialmente como Pfeifer —también escrito Pfeiffer—, en referencia a la aldea de origen de buena parte de sus fundadores en Rusia. Juan Göttig habría propuesto conservar ese nombre para el nuevo asentamiento.

Con el tiempo, el lugar también fue llamado Aldea Araña o Las Arañas, por el arroyo que atraviesa la zona. La denominación actual surgió cuando la capilla fue puesta bajo la advocación de San Francisco de Asís.

El censo provincial de 1882 registró 259 habitantes en la aldea, que por entonces ocupaba el tercer lugar entre las colonias alemanas del Volga de la zona, detrás de Valle María y Aldea Protestante. Los apellidos anotados en aquellos primeros registros todavía pueden rastrearse en las lápidas del cementerio local.

La iglesia como centro comunitario

Como ocurría en muchas aldeas de alemanes del Volga, la iglesia ocupó desde el comienzo un lugar central. No solo fue el espacio destinado a las celebraciones religiosas: alrededor del templo también se organizaron la vida comunitaria, la educación y los registros de bautismos, matrimonios y defunciones.

La capilla estaba ubicada en la chacra 338. El terreno había sido adquirido por Jacobo Göttig II en 1881 y luego transferido a los primeros habitantes de la aldea. En 1888, la comunidad decidió donarlo para el culto católico. Décadas después, el 30 de junio de 1943, la donación fue formalizada a favor de la Curia Eclesiástica de Paraná.

Detrás de la iglesia actual todavía pueden observarse los restos de la antigua casa parroquial y de la escuela alemana. En ese edificio también funcionó la oficina donde se asentaban los registros sacramentales, en una época anterior a la creación del Registro Civil.

La escuela alemana

La enseñanza fue otra de las instituciones fundamentales para los pobladores. En la escuela de la aldea las clases se dictaban en alemán, una práctica que permitió conservar la lengua de origen durante varias generaciones.

La escuela funcionó hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial. La interrupción del apoyo económico proveniente de Alemania afectó su mantenimiento y el edificio comenzó a deteriorarse. Sus ruinas, ubicadas detrás del templo, son hoy uno de los testimonios más visibles del pasado de la aldea.

Un cementerio con historia

El cementerio de Aldea San Francisco es uno de los principales tesoros patrimoniales del lugar. Sus tumbas más antiguas datan del siglo XIX y permiten reconstruir parte de la historia familiar de los primeros colonos.

En 2018, mediante la Ley provincial 10.613, el predio fue declarado Patrimonio Histórico-Arquitectónico y Lugar Histórico de la provincia de Entre Ríos. La norma reconoció el valor del conjunto y la necesidad de preservar un espacio donde aún sobreviven apellidos, símbolos religiosos y formas de sepultura vinculadas con la tradición alemana del Volga.

Más que un sitio funerario, el predio funciona como un archivo a cielo abierto. En sus inscripciones pueden reconocerse las familias que fundaron la aldea y seguirse los cambios en la escritura de los apellidos, la lengua y las formas de identificación de varias generaciones.

La fiesta patronal

Cada 4 de octubre, la comunidad celebra a San Francisco de Asís, patrono de la aldea. La fecha reúne a los vecinos y descendientes de antiguos pobladores en torno a las celebraciones religiosas y a distintas actividades comunitarias.

La fiesta patronal es también una oportunidad para reencontrarse con las raíces. En una localidad de población reducida, donde muchas familias se trasladaron con el paso de las décadas, la celebración permite que los descendientes regresen y vuelvan a vincularse con la iglesia, el cementerio y el paisaje donde se asentaron sus antepasados.