Perú amaneció este lunes sumergido en una tensa calma y con un escenario de absoluta incertidumbre. Con el 93% de las mesas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el balotaje presidencial mostraba un empate técnico milimétrico: la conservadora Keiko Fujimori (Fuerza Popular) lideraba con el 50,1% de los votos, seguida de cerca por el progresista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), quien alcanzaba el 49,9%. Hoy por la tarde hubo un cambio en la tendencia.
8 de junio de 2026
(Noticia en desarrollo)
Este lunes por la tarde, con el 95% de las mesas escrutadas, el candidato de la izquierda Roberto Sánchez le llevaba una pequeña diferencia a Keiko Fujimori.
El titular del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, advirtió que el resultado final podría demorar hasta 30 días y exhortó a la población a mantener la calma. Este panorama no es nuevo para el país, que ya vivió desenlaces similares en 2016 y 2021, donde las elecciones se definieron por menos de 45.000 votos.
Ante la falta de un ganador claro, la incertidumbre política se trasladó de inmediato a la economía. En el inicio de las operaciones de este lunes, la Bolsa de Valores de Lima cayó un 1,53%, las empresas peruanas que cotizan en Estados Unidos operaron a la baja y los bonos soberanos registraron una ligera caída. Esto se suma a las pérdidas del sector minero y a la depreciación del sol frente al dólar registradas en los días previos.
El nerviosismo de los inversores se concentra principalmente en el futuro del Banco Central de Reserva (BCR) y la continuidad de su presidente, Julio Velarde. En el cargo desde 2006, Velarde es considerado el ancla de la estabilidad macroeconómica del país. Durante la campaña, Sánchez amenazó con removerlo, lo que introduce un factor de riesgo para los mercados, sumado a sus propuestas de aumentar el salario mínimo un 33%, revisar concesiones mineras y promover una nueva Constitución. En tanto, Fujimori se presenta como la defensora del modelo económico vigente, enfocada en la propiedad privada, la atracción de capitales y una promesa de "orden" para combatir la criminalidad.
Más allá de quién se corone ganador, el próximo mandatario heredará un país fuertemente polarizado y con grandes contrastes: una macroeconomía estable con un crecimiento estimado del PBI del 3,4%, pero con una estructura social donde siete de cada diez trabajadores están en la informalidad y la inseguridad es la mayor preocupación. Además, según la calificadora Fitch Ratings, el futuro presidente gobernará con un Congreso bicameral fragmentado y sin mayorías, lo que limitará la capacidad de implementar reformas de fondo.
▶ Mapa de tránsito