A pesar de que el esquema productivo local sufrió una drástica reducción al pasar de 700 productores en actividad a menos de 140 en la actualidad, las familias rurales de San Salvador defienden el cultivo del arroz no solo como una actividad económica, sino como una identidad arraigada y una verdadera forma de vida. Desde la Filial San Salvador de la Federación Agraria Argentina (FAA) advierten por el impacto de la suba de costos, precios estancados y la falta de créditos adecuados, pero destacan la inquebrantable capacidad del sector para resistir y seguir apostando a la tierra.
13 de julio de 2026
El sector arrocero atraviesa una crisis económica y estructural en la zona de San Salvador, conocida históricamente como la “Capital Nacional del Arroz”. En los últimos años, el esquema productivo local sufrió una drástica reducción al pasar de 700 productores en actividad a menos de 140 en la actualidad. Desde la Filial San Salvador de la Federación Agraria Argentina (FAA), Luciano Challio alertó que la combinación de insumos inaccesibles, asimetrías comerciales y falta de financiamiento oficial debilita la sustentabilidad de las familias rurales, precisamente en la época clave de preparación de la tierra.
Los costos operativos atentan contra los planteos productivos de la región. El riego artificial, que demanda alrededor de 100 días de bombeo continuo a través de pozos profundos, exige un uso intensivo de combustible. Al respecto, técnicos de FAA señalaron que una hectárea requiere entre 400 y 600 litros de gasoil. Este insumo clave, que antes representaba el 32% del costo total, trepó hasta absorber el 54% de la ecuación económica, potenciado por un fuerte incremento del litro de gasoil, que pasó de 1.600 a 2.400 pesos al momento de la zafra.
«La suba nos sorprendió, nos golpeó muy fuerte y nos sacó completamente de la ecuación; aun así, somos resilientes y queremos seguir apostando al arroz, porque no deja de ser una forma de vida», expresó Challio. El dirigente rural remarcó la necesidad de señales concretas para el sector y subrayó que los suelos vertisoles (arcillosos) de la zona poseen aptitudes ideales para el cereal, lo cual torna muy complejo el reemplazo por otras variantes agrícolas.
La falta de rentabilidad condiciona el mapa arrocero provincial para el ciclo venidero. Aunque la última cosecha arrojó rendimientos aceptables de entre 8.000 y 8.500 kilos por hectárea, la devaluación de los precios internacionales —que cayeron de 400 a 220 dólares por tonelada respecto del período anterior— impidió cubrir los costos mínimos, estimados en 12.500 kilos por hectárea. Sin líneas de financiamiento del Banco Nación adaptadas al contexto productivo, los agricultores proyectan una contracción de entre 15.000 y 20.000 hectáreas sembradas, profundizando la tendencia negativa de las últimas campañas.
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